lunes, 2 de agosto de 2010

Colapso mental


Demasiadas ideas se agolpaban en mi mente. Una detrás de otra… mordiéndose, arañándose ¡e incluso cometiendo el ruin acto de asesinato con tal de que las escuchara! Esto no podía seguir así, me estaban destrozando la cabeza con sus chillidos, sus súplicas y sus amenazas vanas, sus palabras se introducían a través de mis neuronas e invadían mi centro de control, haciendo peligrar mi propia cordura y obligándome a encorvarme sobre las teclas del ordenador, sin otro deseo que tener a mano un analgésico para calmar el dolor.
Miré con ojos llorosos la pared norte de mi cuarto, la cual estaba plagada de un sinfín de carreteras de palabras: nombres, fechas, edades, descripciones, gustos, personalidades, defectos, virtudes, sexo… innumerables datos sobre personajes ficticios que habían surgido a lo largo de mis desvaríos como adolescente mentalista. El nombre de Helena captó mi atención, pelo castaño recogido siempre… “PAM PAM PAM” Las ideas en base a su historia golpearon con mas fuerza las paredes de mi cráneo, les había dado fuerza al haberme decantado durante un segundo por contar su historia… ¿Honorio? Ese nombre me trajo recuerdos, el de un viaje que hacía a la vieja Italia… “PUM PUM PUM” esta vez fueron las ideas de la historia de Honorio las que me hicieron gritar de dolor, al estrujarse con fuerza de converso contra mi pobre masa de cerebelo, que ya apenas tenía nada de orgulloso órgano.
-Por favor… parad, parad, todas tendréis tiempo de salir- les supliqué, con la voz cascada de un viejo tabaquero.
Mis súplicas parecieron enfurecerlas más, me notaban débil, podían vencerme con tan solo empujar con mas fuerza, y lo hicieron ¡vaya si lo hicieron! Por una vez se pusieron todas de acuerdo e invadieron todo mi cuerpo, cuello, tórax, corazón, pulmones, retina… y manos por supuesto, sus herramientas predilectas. Multitud de datos desfilaron ante mis llorosos ojos, mi cuerpo ya no daba más de si, ya no era yo quien lo controlaba sino ellas… las ideas que yo mismo había creado se habían vuelto contra mí, convirtiéndome en su títere, su marioneta perfecta para poder respirar el aire de los pensamientos ocultos, poder saborear ese gusto exquisito de una obra maestra, en la que todas intentarían participar.
Como un alma perdida, vacía ya de toda personalidad, mi cuerpo comenzó a escribir con parsimonia una historia cualquiera. Era hasta gracioso ver como una vez roto su encarcelamiento unas con otras, ahora se ponían de acuerdo con el orden de salida de mi mente, y el control de mi cuerpo.
Lentamente mi conciencia fue alejándose de esa carcasa vacía animada por las ideas, con tristeza, con melancolía por una vida perdida. Es lo que ocurre cuando juegas a ser Dios, y te crees con el poder de crear vida, ya que aunque sea ficticia, sigue siendo vida.


2 comentarios:

  1. A veces tenemos tantas ideas y pensamientos en la cabeza que cuesta mucho ordenarlos. :)
    Me encanta, Pablo! ^^

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